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Mujer, moneda de cambio en Burkina

Sep 26, 2019 | 3 Comentarios

Las madres, felices, esperan su turno para entrar a recoger la beca

Estamos en pleno bullicio de la entrega de las becas escolares y universitarias de este nuevo curso. Os podéis imaginar el ambiente que se respira, mucho follón, con un orden meticuloso, pero follón. Todo son caras de alegría y satisfacción, en las madres, en los propios niños y niñas beneficiarios de la beca, y como no, en nosotros que tenemos el inmenso privilegio de poder entregarlas, gracias a todos vosotros. Pero esta mañana la razón por la que una de las madres ha venido con 4 días de retraso a recoger la beca para su hija, ha congelado, de un golpetazo, la sonrisa de nuestras caras.

Organizar la entrega de más de 500 becas escolares y universitarias no es fácil, pero ya le tenemos “cogido el tranquillo”. La rigurosa planificación, con distribución de días y turnos para las madres, que llevamos haciendo durante los más de 10 años de vida del proyecto, hace que la entrega se lleve a cabo cada año sin mayores complicaciones, a pesar de las dificultades de organizar cualquier cosa aquí.

Firma del contrato de compromiso para hacer buen uso del material escolar, traer las notas trimestralmente y participar con un 10% de la beca, contribución que pueden pagar mensualmente, y cuyo importe no llega a supera 1€/mes.

Siempre hay alguna mujer que viene con retraso sobre la fecha prevista, y siempre sin avisar, porque ha dado a luz el día que estaba convocada para venir a la entrega, o porque estaba enferma, ella o algún familiar, o porque había perdido el papelito que damos a cada una de las mujeres donde anotamos la fecha y hora de la convocatoria, y no se acordaba de cuándo tenía que venir.

Solemos ser comprensivos con todas ellas, pero exigentes a la vez, porque los imprevistos forman parte del día a día de todos, pero si te convocan para darte una beca escolar para tu hijo y no vas a poder ir, avisa, por lo menos avisa… Escusas por no haberlo hecho también las tenemos, de “todos los colores”, pero serán objeto de otro post. ¡Cualquier día me pongo con él!

Todo listo para la entrega del material escolar.

Este año, la razón por la que una de las madres de una de las niñas beneficiaria ha venido con 4 días de retraso sin avisar, ha borrado de golpe de nuestras caras esa sonrisa que os digo llevamos puesta estos días de entrega de becas.

Entre lágrimas y sollozando, nos ha contado que hace algo más de una semana se encontraba en casa junto a sus otras 2 “coesposas” (las otras 2 mujeres de su marido). Ella estaba lavando la ropa de los niños, tienen 7 en total entre las tres, y dos de ellas todavía en edad de seguir procreando… Sus “coesposas” preparaban la cena. Llegó la policía con una orden de detención del marido por un presunto robo de una moto. El marido no se encontraba en casa. Intentaron llamarle, pero tenía el teléfono apagado. Y la policía decidió llevársela a ella (la más joven de las 3 esposas) arrestada, cual moneda de cambio, dejando recado a las otras dos, de avisar al marido de ir a la comisaría y sólo entonces, procederían a liberar a la mujer y arrestarle a él.

La mujer, fruto de su ignorancia, y quizás de la confianza en que su marido se presentaría en comisaría en las horas siguientes, no puso oposición y fue encarcelada en el calabozo de la comisaría. Pero no fue así… y pasó 10 días sin que su marido hiciera acto de presencia, y la policía acabó liberándola, sin rastro de éste último. No daba crédito y tuve que pedir a Silvie, responsable de proyectos, entre ellos el de las becas, que me estaba traduciendo lo que la mujer nos contaba, que me lo repitiera un par de veces para asimilarlo.

Entrada de una comisaría. Foto: aibmedia

No quiero añadir más dramatismo a la historia, no lo necesita. Pero voy a describiros lo que aquí se entiende por “calabozo”, por si tenéis la irreal imagen que tenía yo, hasta que vi uno aquí, fruto de las películas de policías y ladrones. El calabozo de una comisaría es un espacio de cuatro paredes con techo de hojalata, con una diminuta ventana por la que apenas pasa el aire, sin mobiliario alguno, ni para sentarse, ni mucho menos para dormir, concebido como un “lugar de paso” de menos de 72h, donde los detenidos esperan ser derivados a prisión o liberados. Pero la realidad es otra, y los detenidos se amontonan, llegando a pasar días y semanas viviendo en condiciones infrahumanas… Pero si además tienes la mala suerte de que te detengan durante la huelga de los funcionarios de prisiones encargados de los traslados del calabozo a prisión, que acaba de terminar después de más de cuatro meses, y ha generado un enorme “overbooking” de detenidos, podéis imaginar el panorama y lo que, entre otras muchas cosas, dificulta las de por sí ya mínimas medidas de higiene… Al detenido en un calabozo no le dan ni de comer, así que, o viene la familia a traerle algo o, con suerte, algún compañero de desdicha más agraciado, comparte lo que a uno le traigan…

Así ha pasado 10 días una mujer “moneda de cambio” en una sociedad que, una vez más, nos ha mostrado cuantísimo tiene que evolucionar todavía en el respeto a los derechos fundamentales de la mujer.

Injusticias se comenten, cada día, en todos los lugares del mundo. Pero aquí todo ocurre en otra dimensión. Poco podemos hacer en estos casos, o quizás sea mucho lo que hemos hecho, no lo sé.   Solo hemos podido darle la beca y animarla y aconsejarla que vaya a denunciar el caso ante el procurador. Confiemos en que además de tener coraje para hacerlo, tenga el apoyo de su familia, y el de los hombres de su casa, porque sin su apoyo, no lo hará. ¡Que, por lo menos, y aunque sólo sea en esa comisaría, no se vuelva a repetir algo así!

¡Seguimos!

P.D. El marido se entregó dos días después de que la liberaran y ya está en prisión a la espera de juicio.