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¡Pánico!

Ene 31, 2020 | 13 Comentarios

Los niños de la maternelle desayunando a primera hora, ajenos a cualquier problema.

Hace unos días, la noticia de un supuesto ataque terrorista en un colegio de un barrio vecino de Rimkieta hizo que cundiera el pánico entre los padres de los niños de nuestros proyectos. Los padres de todos los niños, menos los de los niños del proyecto de “Formación y Reinserción de Niños de la Calle”.

Uno de los efectos que los terroristas buscan es atemorizar y crear sensación de inseguridad en la sociedad, que se vuelve más vulnerable e inestable. Lamentablemente, aquí, en Rimkieta, lo han conseguido con el incidente del supuesto ataque terroristas al colegio de hace unos días.

Nuestra querida Léonie, que lleva al frente de la correcta alimentación de todos nosotros, niños y personal de la FAR, desde hace más de 15 años, aniversario que celebramos como es debido hace unos días, suele pasar por la oficina de nuestra administración a última hora de su jornada para coger el dinero para la compra de condimentos del día siguiente. Así que, cuando la vi entrar a primera hora de la mañana en mi despacho, intentando controlar un más que evidente estado de nerviosismo, entendí que algo había pasado. Su francés es infinitamente mejor que mi mooré (lengua de los mosi, etnia mayoritaria del país), pero aún y así, es bastante flojito, lo que no le impidió explicarme que una amiga vecina de Tampouy, un barrio a unos 15km de Rimkieta, le había llamado para decirle que un colegio cercano a su casa estaba siendo atacado a mano armada por terroristas. No me dio tiempo de reaccionar, cuando entró Mme. Hema, la adjunta a dirección de la maternelle, para decirme que estaban empezando a llegar padres de niños de la maternelle para llevarse a sus hijos.

Las bicis de las madres que vinieron a recoger a los niños amontonadas en la puerta

Lo primero que hice fue llamar a INSO, una ONG británica cuya misión es el apoyo a la seguridad de los trabajadores humanitarios en “contextos de riesgo” (a quienes estamos muy agradecidos por “cuidar de nosotros”), para intentar tener información fiable al respecto. INSO estaba al corriente de un “incidente”, pero no tenía confirmación de que se tratara de un ataque terrorista a mano armada. Me indicaron dar por terminada la jornada de los niños y esperar sus noticias.

Reuní a todo el personal, al que encontré muy preocupado, pero en aparente calma. La mayoría de ellos ya estaba al corriente de lo sucedido, y, como ocurre en estos casos, con diferentes versiones de lo que estaba pasando, (alguna de ellas bastante descabellada…)

Pusimos en marcha el protocolo a seguir que contratamos el año pasado a una empresa especialista en seguridad. Los niños del proyecto de Niños de la Calle, que tiene su propio centro en frente de la maternelle, vinieron a las instalaciones de la maternelle. Reagrupamos a los 300 niños de la maternelle y a aquellos 15 niños de la calle en una de las 6 aulas. Y nos dirigimos a la puerta de entrada de la maternelle, donde las madres y algunos padres, se agolpaban (más de 100 personas en apenas 10 minutos), nerviosos, para recoger a sus hijos, por miedo, supongo, a que, después del supuesto ataque al colegio “vecino” (a unos 15 kilómetros), vinieran a ¡atacar la maternelle!

Nada en este mundo es imposible, pero me atrevo a decir que un ataque a la maternelle es harto improbable. El terror no atiende a razones, y el hecho de que los padres reaccionaran así ante un rumor, es una muestra del estado actual de la sociedad. Y, desgraciadamente, no es para menos, pues en estos dos últimos meses, los atentados, la mayoría de ellos en determinadas zonas fronterizas, y algunos de ellos directamente contra civiles, están siendo constantes. Ha habido ataques de origen claramente jihadista pero otros, en especial en el Este del país, aparentan ser de presunta guerra civil… contra la administración central en la capital.

Los 15 niños de la nueva promoción del proyecto de Niños de la calle.

Justo antes de empezar a hablar con los padres, para transmitirles tranquilidad y, por supuesto, permitirles entrar a recoger a sus hijos, recibí una llamada de INSO que había conseguido confirmar que no se trataba de un ataque terroristas, si no de una explosión fortuita. Así lo transmití a los padres, invitándoles a dejar a los niños en clase, pero todos ellos prefirieron llevárselos. Tras la primera recogida de unos 150 niños, tuvimos media hora más de goteo de otros padres que también pasaron a por sus hijos. En menos de 45 minutos desde que se difundió el rumor, nos encontramos con tan sólo 9 niños de la maternelle, que terminaron su jornada con normalidad, y… con los 15 niños del proyecto de Niños de la calle que están en formación en la FAR.

Entiendo que no es casualidad que ninguno de los padres de estos niños viniera a buscarlos, porque precisamente por eso, se les llama niños de la calle. Son criaturas que carecen de cualquier atención emocional y afectiva, por no hablar de protección, o de límites o referencias en sus vidas, porque aun teniendo alguna infraestructura familiar básica tras de ellos, las circunstancias de pobreza a las que se enfrentan sus familias, son durísimas y mal sobreviven día a día.

El incidente del rumor de ataque terrorista en un colegio de un barrio vecino de Rimkieta nos ha servido, para comprobar la magnífica reacción de todo el personal (como decía, con preocupación, pero con calma), ante este tipo de “imposibles” eventos.

Y a mí personalmente, además, me ha recordado la enorme fragilidad de los niños de la calle, porque viéndoles “arropados” en su centro de formación de la FAR, o recibiendo formación en los talleres y escolarizados, a veces lo olvido. Creo que el proyecto de Niños de la calle es, sin duda, nuestro proyecto más complejo, como ya he manifestado en varias ocasiones.

¡Sigamos, con aún más fuerza, rezando por la paz en Burkina!