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Poder decidir qué hacer con tus hijos…

Feb 25, 2022 | 8 Comentarios

Una mujer en la puerta de casa con sus hijos.

Tenía previsto un suculento primer post del año relacionado con el reinicio del proyecto de microcréditos que hemos llevado a cabo, pero me sorprendió el golpe de Estado, y ¡cualquiera se resiste a escribir sobre ello! Pasado el mes de rigor post golpe, aquí lo tenéis. El que piense que un microcrédito es una “simple” ayuda económica que lea, que lea, porque, mucho más allá de eso, un microcrédito es una moneda de cambio del estatus de la mujer burkinabé.

La crisis de la COVID-19 nos obligó a poner en stand-by el año pasado algunos proyectos. Conscientes de que la crisis sigue de actualidad, pero motivados por un mejor que previsto cierre de 2021, acabamos de aprobar el PAP (Plan de Acción y Presupuesto) de 2022 que incluye la reapertura del maravilloso proyecto de los microcréditos.

La peculiaridad de los microcréditos que damos en la FAR, es que están adaptados a la cruel realidad de las mujeres iletradas, que carecen de no solo una cuenta bancaria, por no hablar de un empleo fijo, sino también, con frecuencia, hasta de un básico DNI, necesario para tener acceso al sistema de micro finanzas convencional.

Gracias al microcrédito, la mujer podrá emprender una pequeña actividad generadora de ingresos, con la que aliviar la pesada carga familiar que soporta, y lo que es más importante, que cambiará su estatus social que le permitirá decidir por sí misma qué hacer con su vida y la de sus hijos, en caso de enviudar.

Beneficiaria microcrédito elaboración y venta de «rosquillas»

Y es que todavía son muchos los países en el mundo donde la mujer no tiene los mismos derechos que el hombre y Burkina es uno de ellos.

Aquí existe el “uso social” de que cuando una mujer enviuda, puede darse el caso de que todas las posesiones de la pareja pasen a formar parte de la familia del marido, incluyendo como “posesión” su propia persona y sus hijos. ¿Os imagináis algo así? Pues puede ser todavía peor, porque si el patriarca de la familia del marido no puede hacerse cargo de toda la unidad familiar, puede repartirla entre diferentes miembros del clan familiar. Pero si la mujer ha demostrado al clan, a la comunidad, que es capaz de generar ingresos que le permitan hacerse cargo de los hijos, entonces ella puede decidir qué hacer, como digo, en caso de enviudar. Y, en cualquier caso, una mujer con cierta autonomía económica tiene una consideración social, tácita o explícita, distinta de otra mujer sin esa cualidad.

¡Y nada digamos de aquellas pocas mujeres que resultan capaces de generar uno, dos o más empleos además del suyo propio! Suelen, éstas, aumentar las cuantías de un segundo y un tercer crédito hasta varios cientos de euros que soporten las necesidades de tesorería de la expansión que sea.

Reunión formativa a un grupo de mujeres beneficiarias de microcrédito.

Ante esta realidad, llevamos concedidos más de 1.100 microcréditos, con una tasa de devolución del 99%, a mujeres en situación de extrema pobreza y exclusión, contribuyendo con ello a favorecer su desarrollo profesional y la igualdad de oportunidades.

Los microcréditos, con un promedio de 115€, que se van devolviendo a lo largo del año y cuyo “capital la FAR” reinvierte en nuevos microcréditos, se conceden individualmente a mujeres organizadas en grupos de un mínimo de 20 mujeres, sin avales o garantías externas al propio grupo. Está demostrado que el hecho de que las mujeres se agrupen para este tipo de ayudas económicas facilita la formación, el seguimiento y la solidaridad y cohesión entre las mujeres beneficiarias.

Además de la ayuda económica en sí, el microcrédito da acceso a las mujeres a una cuenta de ahorro sin comisiones y reciben una formación continuada sobre temas financieros básicos (gestión de microcréditos, ventas, manejo de inventario, contabilidad básica, ahorro, gestión de actividades remunerativas, etc.) y social (prevención de enfermedades, violencia doméstica, derechos civiles, etc.)

Beneficiarias microcrédito tejer

El paisaje de Rimkieta está sembrado de mujeres emprendedoras. Unas dedicadas a la elaboración y venta, en la puerta de sus casas, de comida o bebida; otras tras un “puestecillo” de venta de verduras, fruta o condimentos en la calle o en el mercado; otras tirando de una carreta destinada a la venta ambulante de leña o carbón vegetal; y no pueden faltar las tejedoras, apostadas con sus rudimentarias (en el más puro sentido de la palabra) máquinas manuales.

Empezar el año con un plan de acción que contempla algo más de 20.000€ para otorgar unos 200 microcréditos es una auténtica bendición. ¡Mil gracias de corazón a todos los que lo hacéis posible! en nombre de todas las mujeres beneficiarias!