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“Primum vivere, deinde philosophare” (“Primero vivir, después filosofar”) por JCVD

Feb 22, 2021 | 14 Comentarios

Dans la causerie du dimanche, nous avons appris aux enfants qu’ils doivent tous apprendre à vivre ensemble, comme des frères, et favoriser la compréhension et l’amitié entre toutes les nations et tous les groupes raciaux ou religieux, sinon nous allons mourir ensemble comme des idiots” (“En la charla del domingo, hemos enseñado a los niños que todos deben aprender a vivir juntos, como hermanos, y a fomentar el entendimiento y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos raciales o religiosos, de lo contrario moriremos juntos como tontos”). De un informe de Jacques, el responsable del proyecto de Formación y Reinserción de Niños de la calle, sobre una de las charlas de formación que impartimos.

Momento de la charla formativa de la actividad de formación del domingo de los niños de la calle

Rehacer hábitos y referencias, o sea valores, en un niño que lleva tiempo vagando por la calle con el único objetivo diario de encontrar algo para comer, a veces a cualquier coste, requiere dedicación, paciencia, y sobre todo ideas claras, fortaleza y perseverancia. No se trata solo de alimentar el cuerpo, que es imprescindible. Tampoco es solo cuestión de cultivar sus vacías cabecitas, que es necesario. Se trata, sobre todo, de intentar reconducir su personalidad. Porque el “lo primero, vivir…”, aun siendo de ley natural, puede terminar justificando un concepto de la vida no ya egoísta sino depredador social.​

Niños de la calle listos para mendigar con sus latas. Foto: Senvisions.com

Se llaman “enfants de la rue” (niños de la calle) a aquellos niños que, con o sin techo para la noche, (allí con poco techo se sobrevive, salvo en la época de lluvias), vagan por las calles día y noche con necesidad de alimento. La mayoría de ellos no tiene familia, y los que la tiene, está tan desestructurada a causa de la miseria, que es como si no la tuvieran. En ausencia de una mínima referencia vital de los padres, la única que tienen es la de otros niños como ellos, en la misma indigencia y soledad vital. Sobrevivir a cualquier coste es el único objetivo de su deambular. Y, para ello, vale cualquier cosa, robar, traficar, prostituirse.

Buscando en la basura algo que comer

Reza el refrán “el hambre es mala consejera” y se refiere a que, en situaciones de necesidad extrema, podemos llegar a realizar actos reprobables de los que arrepentirnos. O, peor aún, actos de los que ni tenga uno mala conciencia por falta de criterio moral, por ausencia de ese digno sentimiento del arrepentimiento en el bagaje cultural de una persona.

Pero es que de este tipo de expresiones y refranes está el saber común lleno: “A todo se acostumbra uno, menos a no comer”. Este adagio, que apenas necesita explicación, se refiere a que, por lo general, el ser humano tiene la capacidad de adaptarse a cualquier tipo de circunstancia negativa. Sin embargo, existen ciertas necesidades primarias que deben ser necesariamente satisfechas.

En todas las grandes ciudades hay niños de la calle, más o menos emboscados. En la propia Barcelona o en Madrid hay barrios marginales llenos de niños de la calle o “en la calle”, que para el caso igual da: no tienen el menor soporte, ni físico ni moral, y su energía vital procede del deseo de vivir espoleado por una suerte de completa inseguridad hasta en lo más esencial. Son lo que el Papa Francisco ha dado en llamar “descartados”, porque nadie cuenta con ellos, igual da su edad, y cuya desaparición no solo pasa inadvertida para la gran mayoría, sino que es deseada por una parte de la población.

Buscando en la basura algo que revender. Foto: RFI

Cualquiera de esas criaturas es, entonces, un auténtico superviviente y en el futuro un potencial depredador social. “Primum vivere, deinde philosophare”, según el viejo adagio latino.

Cabe imaginar, aunque difícilmente para la mayoría de occidentales, lo que debe sentir una de estas criaturas recién despertada cada mañana: “A ver si hoy como…algo”.  Se dice que en el Sahel, el saludo “buenos días” no es mera cortesía sino que, aún a cualquier hora de la jornada, lleva implícito el mensaje “hoy ya he comido” ¡Cuánto más para estos niños!

Pues bien, hace más de tres lustros, nuestro gran Idrissa, en aquel momento al cargo de la formación de niños a través del deporte, que era su vida, nos convenció de que había un colectivo llamado “enfants de la rue” que merecía la pena. Por su convincente argumentación, nos pareció muy probable que él sabía a título personal de lo que hablaba… Nunca lo averiguamos, por delicadeza. Pero siempre hemos estado convencidos de que no por casualidad Idrissa tenía esa fijación dentro de su corazón.

Aula de formación de niños de la calle del CIEPYD (Centro de Integración Escolar, Profesional y Deportivo) de la FAR

Y procedimos a comenzar un proyecto de captación y protección integral de los niños en grave riesgo de exclusión social, que quisieran adaptarse a unas ciertas reglas de juego. Solo una quincena de ellos por año. Y así nos hemos puesto en casi un centenar y medio de chicos que se alimentan y forman, y algunos ya “están de vuelta a la vida” con su oficio y un mínimo de estudios.

Guión de una de las charlas formativas de los domingos

Tarea laboriosa, no fácil. Porque, por ejemplo, para que los niños de la calle en talleres acudan a su formación, hemos de darles a primera hora de cada mañana un bocadillo, ya que muy probablemente, la noche anterior no han cenado prácticamente nada.

Pero no solo hay que cuidar de su cuerpo y su cabeza. Hay que reconducir muchos malos hábitos, fruto de sus circunstancias y compañías. Hay que cultivar eso de bueno y positivo que todos tenemos dentro, pero que puede terminar ofuscado por unas circunstancias que pueden ser muy oprimentes, hasta para las personas más equilibradas y fuertes. Para muestra la situación actual de millones de “occidentales” que, tras meses de opresión por una pandemia, incontrolada en la mayor parte de países, “nos sentimos raros”, o sea estamos perturbados. ¡Adultos! Imaginemos un niño.

Dentro de todo ese cultivo de la persona, es imprescindible ilustrar y explicar a esas criaturas, porque seguramente nadie lo ha hecho, que el bien es el bien, y el mal es el mal, en tantas y tantas facetas de la vida. Una de ellas, delicada, es la igualdad esencial de todo ser humano, y el valor de la amistad no utilitarista. Si alguien no se ha expuesto a esa luz y su medio es la oscuridad, difícilmente descubrirá que el otro vale tanto como uno mismo, y que su amistad es algo natural y diferente del interés, incluso legítimo, que se pudiera tener.

Actividades lúdico-deportivas como gancho para la asistencia de los niños a la charla de los domingos

Los domingos por la mañana llevamos a cabo una actividad dirigida a todos los niños del proyecto, que este año son ya 136, en el CIEPYD (Centro de Integración Escolar, Profesional y Deportiva), que construimos para ellos en 2007. Utilizando de “gancho” actividades lúdico-deportivas (liguillas de fútbol, pin-pon y futbolín) y clases de música (¡que les encanta porque la llevan dentro!) o de teatro, además de un bocata de mantequilla y un sucedáneo de colacao, los chicos se divierten y socializan en un ambiente sano, y Jacques y su equipo les dan unas charlas de formación en las que se les explican principios de salud, higiene, ciudadanía y cultura, como el que se ha reflejado en el párrafo del informe arriba copiado.

En ello estamos y hemos tenido todo tipo de experiencias y resultados, mayoritariamente muy esperanzadores, con algunos “ex-Niños de la Calle” ya profesionalizados, que llevan una vida ciudadana normal.

¡Seguimos!

Momentos de baile y alegría en la actividad musical de los domingos