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Tener electricidad, un lujo…

Jun 2, 2021 | 6 Comentarios

Llevaba unas semanas escasa de inspiración. Nada preocupante, diagnóstico certero: el calor de esta época del año. Pero el domingo 16 de mayo se celebró el Día Mundial de la Luz, y como por arte de magia, y valga la redundancia, “se me hizo la luz”.

La verdad es que yo no soy muy de “el día mundial de…”, pero reconozco que resultan útiles, en la medida en que divulgan, o al menos recuerdan, realidades frecuentemente desconocidas, que, en el caso de la electricidad, es entender la importancia de tener acceso a ella.

La realidad de Burkina es ciertamente desalentadora: tan sólo el 45% de la población tiene acceso a la electricidad, siendo solamente un 30% de su consumo producido por la propia Burkina, que necesita importar el 70% restante de Ghana y Costa de Marfil, hecho que eleva el coste de la electricidad a 20 céntimos de € el kWh, mientras que, en España, si no me equivoco, la “tarifa clásica” es de menos de 15 céntimos el kWh. ¡Para qué explicaros el coste del suministro eléctrico para la FAR, que sólo puede ser rebajado mediante placas solares, aún de un coste de instalación y mantenimiento muy significativo!

En Rimkieta, la gran mayoría de las casas no tienen instalación eléctrica, ni por tanto enchufes para cargar, por ejemplo, el móvil, ni interruptores para encender una lámpara. No cabe hablar tampoco de nevera para conservar alimentos, o de un simple ventilador para aliviar el sofocante calor de la gran mayoría del año. Y por supuesto, nada de lavadora, televisión, ordenador o wifi, que son auténticos lujos por estos lares. ¿Puedes imaginarte pasar tan sólo 24h en estas condiciones?

Macron inaugura la central solar más grande de África del Oeste. Foto: POOLAFPLUDOVIC MARIN

Desde mi llegada a Burkina, hace más de 16 años, no sólo no he notado mejoría alguna en el servicio, sino que me atrevería a decir que cada año va a peor. Y no será por falta de esfuerzos del Gobierno, pues recuerdo bien cuando Emmanuel Macron vino a inaugurar en 2017 la que era, en ese momento, la mayor central de energía solar de África del Oeste. Pero el crecimiento de la demanda es muy superior a la capacidad de ampliación de la producción de Burkina, y de importación de Ghana y Costa de Marfil, todo ello sin entrar en el efecto recaudatorio fiscal, que seguro que contienen las tarifas.

Según nos explicaba hace unos días el Director General de la SONABEL (Société Nationale d’Electricité du Burkina Faso), intentando justificar los cortes de electricidad de este año, que están siendo muy superiores a los ya desmesurados de otros años, tanto Ghana como Costa de Marfil sufren una sequía inhabitual, que les ha obligado a cerrar varias de sus centrales hidroeléctricas y a disminuir la cantidad de electricidad que pueden exportarnos.

Comunicado de la SONABEL informando con antelación de cortes de electricidad. Es de agradecer, aunque suele ser poco común…

La COVID-19 tampoco ha ayudado en este campo, ya que ha obligado a parar la construcción de una nueva planta de energía solar que ya estaba en marcha.

Las consecuencias de la penuria de electricidad, que es esencial para el desarrollo y la calidad de vida, son innumerables, tanto a nivel social como económico.

Difícil concentrarse en clase en estos meses de canícula, a unos 45º, en aulas excesivamente masificada (una media de entre 80 y 100 alumnos por clase en la mayoría de los colegios públicos), donde no hay ni un mísero ventilador…

Un chico que sale del colegio a las 17h y tiene que andar o, con suerte, pedalear, seguramente más de media hora para llegar a casa, dispone, como mucho, de una hora de luz para poder estudiar y hacer los deberes. Porque aquí, a partir de las 18h30 ya es oscuro. Sigue maravillándome ver cómo, al caer la noche, jóvenes estudiantes aprovechan cualquier punto de luz, como, por ejemplo, las farolas de las vías asfaltadas del centro de la capital, para sentarse en el suelo con sus apuntes para estudiar. De ahí la importancia de una simple bombilla, con una gran pizarra, para facilitar el estudio de los chicos en el exterior del edificio del Cyber de la CCB (Comunidad Cristina de Base), donde también tenemos los proyectos Molino y Banco de cereales, así como el pozo “Luis” y la “Placita”, que arbolamos y circundamos hace ya años, para centro de reunión de los vecinos de aquella zona.

La falta de acceso a la electricidad tiene también un efecto negativo en el día a día de las niñas que, desde muy pequeñas, tienen la obligación diaria de ir a buscar leña o carbón a primera hora de la mañana para cocinar.

Estudiando a la luz de una farola. Foto: película «L’espoir de lampadaire

Además, el consumo de leña tiene efectos nefastos de deforestación, que tratamos de paliar mediante nuestro proyecto “plantación de árboles”. La quema de madera, así como la de carbón y la de otros combustibles como el queroseno, tiene un alto grado de contaminación, que causa daños irreparables en el sistema respiratorio de los niños y puede causar la muerte.

Y, por supuesto, la escasa iluminación urbana genera inseguridad y facilita la delincuencia, que ha aumentado considerablemente en los últimos años.

Por otra parte, a los problemas de la falta de acceso a la electricidad, se suman los derivados de su mala calidad, en el caso de tener acceso a ella.

En 2019 (no hay datos de 2020), hubo unos 150 cortes de electricidad en todo el año, o lo que es lo mismo, un apagón cada dos días y medio. Sin contar las horas de suministro de tensión mínima, insuficiente para el correcto funcionamiento de la mayoría de electrodomésticos y nada digamos de maquinaria de mayor potencia, como un «simple» molio de cereales.

El corte de suministro eléctrico implica incontables pérdidas para los pequeños comerciantes que dependen de ella, y el aumento de la inseguridad alimentaria, debido a la mala conservación y daños en los aparatos eléctricos.

Proyecto de pizarra alumbrada en la CCB para que los estudiantes puedan hacer los deberes y repasar al caer el sol.

Precisamente en estos momentos en que os escribo llevamos ya un par de horas sin electricidad, pero podemos seguir trabajando, gracias al sistema de convertidor de tensión y baterías que tenemos instalado. Y me doy cuenta, de que sobrevivir a los cortes de electricidad es en sí un lujo, en la medida en que significa que tenemos electricidad.

Podría seguir largo y tendido, pero creo que ya es suficiente para mi primer post sobre el Día Mundial de la Luz. Anotado queda en mi agenda y ¡a ver si el año que viene puedo daros mejores noticias!

¡Seguimos!