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Una mañana en comisaría…

Ago 29, 2022 | 27 Comentarios

Me pregunto, de verdad, cómo alguien puede trabajar motivado en un entorno como en el que he pasado prácticamente toda la mañana. Se trata de la “oficina” de la brigada de búsqueda de la Comisaría, a donde he tenido que ir a poner la denuncia del robo de 77 protecciones de los 1.000 árboles de la nueva plantación de este año.

Estamos en plena época de lluvias, que suelen empezar tímidamente a finales de mayo, alcanzando su culmen en julio y agosto, para terminar con alguna lluvia esporádica en septiembre.

Es el momento de la plantación de los nuevos árboles, que, al igual que el año pasado, han vuelto a ser 1.000, gracias al donativo de la Empresa Madrina “Soluciones Reunidas”.

Plantación de 1.000 árboles de 2022, con su protección correspondiente

Un año más, como los 14 años precedentes que llevamos repoblando el barrio, fruto de los cuales hay casi 9.000 árboles dando unos 45mil metros lineales de sombra al paisaje de Rimkieta, todo había transcurrido, con los incidentes que ya conocemos y sabemos “sortear”, sin mayor problema.

La plantación de árboles de cada año se planifica y organiza meticulosamente: ubicación, tipo de árbol, espacio entre cada árbol plantado, profundidad del agujero, abono, teatros de sensibilización de los vecinos para su implicación en el cuidado de los árboles y, no menos importante por estos parajes, las protecciones.

Las protecciones son necesarias para que los animales, que campan por sus respetos en calquier rincón de todo el país, no se los coman. Y por ello, cada árbol es plantado en el interior de una protección individual de hierro entretejido de 1,50m de alto. Cada protección cuesta 3,4€, por lo que el valor de las 77 protecciones robadas es de más 260€, un dineral aquí.

Divagación de animales en Ouaga. Foto «Canalblog.com»

Esta mañana he ido a la Comisaría a poner la correspondiente denuncia. Aquí estos casos los lleva la “Brigade de recherche”, que es una unidad especial de la policía, cuya función principal es la de llevar a cabo las investigaciones de “pequeños y medianos delitos”.

Cuando he salido de allí me he propuesto visitar este tipo de instituciones (además de hospitales), más a menudo. Porque, aunque está mal que yo lo diga, la FAR, en donde paso la mayor parte de mi tiempo, es un oasis en medio de la dejadez, desidia, desorden y suciedad que reinan en estos sitios; y, sin querer, olvido la realidad con la que conviven y a la que se enfrentan cada día los habitantes de aquí.

Os explico. Cuando entras en la parcela de la Comisaría, lo primero que llama la atención es la cantidad de bicis, motos, carretas y otros elementos no identificados, toda chatarra, hacinados a la intemperie, en diferentes lugares del patio, vete tú a saber desde cuándo. Son objetos robados recuperados, cuyos propietarios supongo que no se ha conseguido localizar. También hay sillas y mesas, supongo de algún despacho, que en su día se debieron romper y ahí las dejaron… Los desechos de bolsas de plástico amontonadas, nido de mosquitos en esta época, no faltan tan poco.

Gran problema de residuos plásticos, omnipresentes en todos los rincones de toda Burkina, pese a que hay una ley que prohíbe la producción, importación y distribución de envases no biodegradables desde 2015. Foto: «Burkina24»

Y, por supuesto, el mantenimiento de las instalaciones no existe, así que tanto el exterior como el interior, con paredes sucias y descascarillas, están “que se caen”, por no decir en ruinas.

Con relación a la brigada en sí, tiene una oficina de unos 12m2 donde hay 4 “puestos de trabajo” apretujados, y un policía detrás de cada uno de ellos redactando, obviamente a mano, las denuncias pertinentes. Las mesas están abarrotadas de papeles hasta el punto en que cuesta encontrar un hueco donde escribir. No hay ninguna de las sillas donde estamos sentados todos, policías y denunciantes, que esté entera; a cada una le falta algún trozo. En un rincón, tirados en el suelo, un montón de ordenadores, pantallas y teclados, sumidos en polvo y suciedad. No hay intimidad alguna entre una denuncia y otra, y cuando me siento a esperar a que me atiendan, se me encoje el alma porque hay una mujer denunciado la desaparición de su hijo, un hombre al que han intentado apuñalar y otra mujer a la que le han robado el carbón que venía de comprar “al por mayor” para revender de puerta en puerta por el barrio.

Imagen de ilustración: estado de un pasillo del hospital principal de Burkina en Ouagadougou. Foto: «LeMonde»

En un momento dado, un policía en medio de la gestión de una denuncia, se apercibe de una bolsa negra en un rincón de su mesa. La abre, saca dos machetes mugrientos de ella y pregunta al resto de compañeros si saben qué es. Cuando salgo del despacho, todavía no han relacionado los machetes con ningún caso.

Somos 4 personas dentro declarando, una veintena en un espacio mínimo que podríamos llamar “antesala” del despacho, y más de 40 esperando fuera. Aunque no es un día soleado, está nublado y amenaza lluvia, por lo que hay una importante humedad en el ambiente que hace que el día sea muy caluroso.

Ante tal panorama, y aunque el trato ha sido excelente (quizás por mi condición de “nasaara”, que es así como nos llaman a los blancos, en mooré, la lengua de la etnia mayoritaria) me pregunto, de verdad, cómo alguien puede trabajar motivado en un entorno como éste, teniendo en cuenta que, además, los salarios son muy justitos, que tienen que salir a “patrullar” para sus investigaciones con sus propias motos, y que la mayoría de veces han de poner el dinero de la gasolina de sus propios bolsillos.

¿Cómo es posible que, con todas las ayudas que recibe el país desde hace tantos años estemos todavía a este nivel? Porque esto es una Comisaría, pero lo mismo es aplicable a cualquier otro servicio público, muy especialmente a los hospitales, donde esta dejadez y general apatía tiene consecuencias mucho más graves…

Seguramente yo no debiera ser tan simplista, pero creo que el motivo de esta general apatía debe ser una escala de prioridades que no soy capaz de entender. Y quizá también esa creencia tan extendida en algunas sociedades de que “lo público” no es de nadie en lugar de ser de todos…

Lo que es seguro es que nosotros seguimos a lo nuestro, calentando motores para la “rentrée” 2022-2023, con las prioridades muy claras: una misión eminentemente social, que llevamos a cabo con principios empresariales puros como el rigor, la austeridad y la anticipación, focalizados en el servicio a más de 3.600 beneficiarios directos y unos 12.000 indirectos.