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“Wak”? (Mal de ojo…)

Jun 28, 2019 | 0 Comentarios

Un hechicero sentado entre sus fetiches. Foto: AFP Issouf Sanogo

Hace un par de días falleció el padre de una gran amiga. Quiero creer que una autopsia descartaría el motivo por el que, de la noche a la mañana, sin ningún síntoma de enfermedad, dicen que ha fallecido: un “wak (“mal de ojo”) de un familiar por un problema de propiedad de terrenos.

La brujería, que entiendo como esa “creencia según la cual un mal inexplicado es debido a la intención maléfica de personas dotadas de poderes sobrenaturales”, tiene un gran peso en el tejido social de Burkina en su día a día. Son abundantes los marabús y brujos y brujas, que, con sus poderes ocultos, supuestos o reales, atraen una abundante clientela en busca de riqueza, salud, venganza… Son muchos los hombres y mujeres, de toda clase social, que les visitan a diario. Y creo que el 99% de la población cree en ellos. Mueven mucho dinero y se les atribuyen desapariciones a diario de personas para sacrificios.

Hace un par de años, sin ir más lejos, una de las mujeres responsables del mantenimiento y ventas del pozo de la FAR “Jeanología I” en Zongo, fue acusada de haber provocado el desbordamiento de un canal de evacuación de aguas, motivo por el cual fallecieron 5 niños, entre los cuales se encontraba su propio nieto. El propósito: robarles el alma para sacrificios… Con el tiempo, que todo lo pone en su sitio, la acusación quedó en una “anécdota”, si me permitís la palabra, sin consecuencias para la mujer.

Una casa del refugio de “ladronas de almas” en Boassa. Foto: Santi Llobet

Nuestra mujer ha tenido mucha suerte, porque este tipo de acusaciones, que siempre son “juzgadas” por un comité local de vecinos, acaban en el destierro de la mujer, rechazada por sus familiares y amigos, dejando de existir para la sociedad. El destierro de estas pobres mujeres es un problema tan grande, que el mismo Gobierno tiene centros para acogerlas.

Las justificaciones de las acusaciones a estas mujeres son variopintas, y cada cual más banal. Desde el hecho de no haber tenido hijos, a la muerte o enfermedad del marido (acusación que será hecha por parte de la familia del marido), una enfermedad de algún familiar…

Hace poco me contaban sobre un ritual ancestral que consiste en reunir a todo el poblado o vecindario y portar el cadáver de una persona que supuestamente ha fallecido en circunstancias sobrenaturales. Éste, el cadáver, guiará a sus porteadores hacia el responsable de su muerte, que, siempre, suele ser una mujer… Lo mejor que le puede pasar a la mujer es presentir que va a ser acusada y huir antes de que el ritual tenga lugar porque la mejor de las suertes que le puede llegar es el ser lapidada por ello…

Nuestro querido Naaba, reunido con las mujeres del huerto

El proyecto del huerto “Fundación Netri” para mujeres en Zongo de la FAR también ha tenido su anécdota, y esto sí que ha sido una anécdota, hace unas semanas. Una de las mujeres que trabaja en él, encontró en su parcela lo que creyó era un “wak” (mal de ojo): un papel que envolvía unos polvos. El temor se apoderó de todas las mujeres, que desertaron el huerto como si estuviera poseído. Nos llamaron y fuimos inmediatamente a ver al Naaba de Rimkieta y Zongo, el jefe local tradicional, que juega un importantísimo rol de cohesión social en Burkina. Tenemos una maravillosa relación con él. El propio huerto se lleva a cabo en un terreno de su propiedad, cedido para el uso de la FAR. A “sa Majesté”, que es el trato propio de los Naaba aquí, le faltó tiempo para decir a las mujeres que eso no era un sacrificio ni nada, que se dejaran de tonterías y que se pusieran a trabajar. El Naaba cree que alguien pretendía asustar a la mujer de la parcela, muy probablemente, por alguna trifulca familiar. Y si un Naaba, personalidad por excelencia honrada para el ejercicio de los rituales y sacrificios tradicionales, dice que no es nada, no es nada. Así que tal cual salíamos de su casa, las mujeres se dirigieron al huerto a regar, que ya tocaba.

He empezado el post diciendo que “quiero creer” que una autopsia descartaría lo sobrenatural del fallecimiento del padre de mi amiga. Y quiero creerlo porque, de la misma manera que encuentro una explicación natural a la mayoría de sucesos a los que aquí no se la encuentran, también hay otros cuantos en los que la racionalidad no es tan evidente, y es humano que me quede, cuando menos, con una cierta duda… Parecido a aquello de nuestras “meigas e bruxas galegas que existir non existen mais habelas haynas…

Para acabar, una pequeña confesión que viene al caso: cada vez que cortamos el pelo a mi hijo Wendkuni lo recogemos y nos lo llevamos a casa. En la propia peluquería tienen la costumbre de hacerlo. Por si acaso, que aquí con el pelo se hacen muchos rituales. Mucho me temo que, tal y como también mi padre se teme, debo de estar “africanizándome”, para lo bueno, que lo hay y mucho, y para lo malo…:-)

Mil gracias al fotógrafo Santi Llobet (https://milestones.es/sorcieres/) por sus fotos, cada una de ellas con una tremenda historia detrás. Aquí os dejo algunas de ellas:

Sidmanega Gansonré, madre de 9 hijos, 93 años (fallecida en 2018). Tras el fallecimiento del hijo de su “coépouse” (la segunda mujer de su marido), fue acusada de brujería, muy probablemente por la “coépouse” para quedarse sóla con el marido. Vivió más de 25 años desterrada.

Falato Warma, 71 años, madre de 4 hijos, vive desterrada desde hace más de 30 años. Le acusaron, con el ritual de “Le port de Siongo”, de haber causado la muerte a un niño de 5 años.

Marceline Zongo, 76 años, madre de 7 hijos. Tras la muerte de su marido, el hermano pequeño de éste quiso casarse con ella. Pero una de sus mujeres (tenía ya 2), estaba enferma de VIH y Marceline se negó a casarse con él. Tras el fallecimiento de uno de los hijos de la mujer con sida, fue acusada de haberle causado la muerte y desterrada.